Capacitación: dudas sobre su valor y utilidad

Si bien en los últimos años las empresas comenzaron a darle mayor importancia a la formación, aún se tiene serias dudas sobre su verdadero valor y utilidad.

El objetivo de la capacitación es claro: formar a los empleados en pos de un mejor rendimiento que colabore en el éxito del negocio. Engloba conceptos tales como aprendizaje, educación, desarrollo y entrenamiento. Sin embargo, con frecuencia se puede observar cómo la mayoría hace caso omiso a lo aprendido. Las razones pueden ser varias, como por ejemplo jefes indiferentes, presiones de tiempo agobiantes, falta de incentivos para cambiar, presión de los compañeros o algún otro tipo de problema que acaba por eliminar su motivación.

Uno de los mayores obstáculos es la poca relevancia que se les da a los responsables de gestión. A veces se convierten en una figura orientada sólo a las labores de coordinación o de logística para las acciones decididas por la dirección o los distintos departamentos, sin ninguna iniciativa que le permita participar en la coherencia entre los objetivos globales de la empresa y el esfuerzo formativo. En muchos casos, es el propio responsable de formación el que subestima la importancia de su tarea, aceptando la dinámica ofrecida por la empresa y desviando su atención hacia otras actividades inherentes a su cargo.

Una de las creencias erróneas que se tienen es la convicción de que las capacitaciones sirven para “arreglar” empleados. Muchos jefes consideran que si su subalterno no desarrolla correctamente sus tareas, debe enviarlo al departamento de formación y seguramente allí se harán cargo del problema. Esto no suele funcionar así ya que en general, el conflicto real suele ser otro que nada tiene que ver con la formación. Esta situación genera una frustración aún mayor en el empleado y discordia entre los jefes y el departamento de formación que no se ponen de acuerdo con respecto a los pasos a seguir.

La falta de apoyo por parte de quienes ocupan los puestos jerárquicos más importantes es otro conflicto. Ante la falta de resultados concretos en productividad y ganancias, los jefes suelen quejarse de que la formación no surtió efecto. Sin embargo, el problema suele radicar en ellos mismos, ya que los empleados no pueden desarrollar sus habilidades y los conocimientos adquiridos si no se les da la oportunidad de hacerlo. Corresponde a los jefes generar los momentos y los espacios para que cada uno pueda demostrar lo que aprendió.

Cada empleado cumple una función que necesita de determinadas destrezas para ser realizada cabalmente, por eso es importante conocer a cada uno y saber qué necesita. No todas las capacitaciones son adecuadas para todos los empleados. El hecho de brindarle a la persona la posibilidad de asistir a un curso que lo complete como profesional,  generará interés, una participación activa y ganas de colaborar para que la empresa salga adelante. Los empleados necesitan sentir que realmente están aprendiendo algo que les servirá en el futuro y los hará mejores trabajadores. Muchas veces los departamentos de formación necesitan justificar el presupuesto que se les otorga y asignan cursos a empleados que claramente no los necesitan. La existencia de programas que están de moda o cuentan con una gran campaña publicitaria también ayuda, ya que no importa lo que brinden, lo que interesa es que la empresa cuente con ellos.

Otro punto importante es la medición de resultados. Se necesita una medición que tenga en cuenta no solo el avance de la empresa, sino también la mejora experimentada por el empleado a partir de las habilidades adquiridas. De esta forma se tendrá una evaluación más completa y un panorama más claro y fidedigno.

Una buena capacitación favorece el desarrollo del compromiso frente a la tarea y la organización, incrementa la productividad personal y de los equipos, favorece la auto motivación para el desarrollo de su gestión, genera el conocimiento de fortalezas y debilidades en cada persona, pone en práctica las habilidades gerenciales, mejora el trabajo en equipo y el equipo de trabajo, desarrolla una innovación en las prácticas gerenciales y de gestión, brinda la posibilidad de reconocer competencias y conocimientos a desarrollar, permite valorar las propias capacidades y llevar a cabo una actualización de conocimientos especializados.

Con una buena capacitación gana tanto la empresa como el empleado. La empresa puede aventurarse  en negocios importantes porque sabe que cuenta con profesionales idóneos capaces de lidiar con cualquier tipo de situación. Su buena productividad y resultados gananciales hacen que su marca sea reconocida y valorada en el mercado. El empleado, por su parte, adquiere conocimientos y habilidades que lo completan como profesional y le dan la oportunidad de ser tenido en cuenta tanto dentro como fuera de la empresa. Adquiere una seguridad en el ámbito profesional y personal que hará que su trabajo sea cada vez mejor.

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