La flexibilidad como herramienta de futuro

El nuevo escenario empresarial, recordemos sus características expuestas en post anteriores, ha provocado unos cambios profundos en las relaciones laborales y en la gestión de los recursos humanos. Uno de estos cambios, quizás de los más importantes, es la flexibilidad. Esta flexibilidad se aplica a todos los elementos que están en directa relación con la actividad empresarial, entre las que cabe citar el entorno empresarial, las relaciones laborales, criterios de contratación y demás elementos que veremos en el desarrollo de este post.

En este artículo y en los siguientes hablaremos de la flexibilidad. Empezaremos por hacer una definición operativa de lo que se considera flexibilidad, seguiremos determinando las categorías a las cuales se puede aplicar la flexibilidad y por último hablaremos de una característica que ha nacido a albur de esa flexibilidad: una creciente individualización.

A la hora de definir la flexibilidad, mejor que dar una definición tradicional, vamos a hablar de las características que reúne la flexibilidad. La flexibilidad implica cambios en el número de personas que trabajan en una empresa, esto es, la plantilla de las empresas no es un ente inmutable, sino que va adaptándose numéricamente a los cambios que se producen en el mercado. Al mismo tiempo se prima la calidad frente a la cantidad. Las empresas consideran preferible pocos empleados con talento humano y buenos currículum vitae, que una gran cantidad informe de trabajadores.

Al mismo tiempo las nóminas también son variables. Hace ya mucho tiempo que desaparecieron de la mayor parte de las empresas, tanto públicas como privadas, los emolumentos fijos. En la actualidad la mayor parte de las nóminas tienen una parte fija y una variable. Normalmente la variabilidad de la nómina suele ir asociada a factores de productividad.

Otro de los cambios que denota la flexibilidad es la movilidad geográfica. En estos momentos los trabajadores por cuenta ajena están sujetos a cambios constantes tanto de índole funcional (dentro de la misma empresa) como a cambios en las áreas geográficas en las cuales pueden operar. Un trabajador en consonancia con el nuevo modelo laboral puede, fácilmente, cambiar de empresa y de lugar geográfico dónde desempeñe su labor; este tipo de trabajadores no tienen miedo al despido, entendiendo el mismo como la posibilidad de encontrar nuevas oportunidades con mejores condiciones laborales.

Desde el mundo de la empresa se lleva bastante tiempo pidiendo a los agentes sociales (sindicatos, gobierno) que cambié la óptica de su concepción del trabajo y de las relaciones laborales. A los sindicatos, desde la patronal, se les pide que entiendan la modificación del mercado de trabajo para evitar que se encuentren en una confrontación permanente con las organizaciones empresariales, CEOE en el caso de España.

Al mismo tiempo desde las organizaciones empresariales se le pide al ejecutivo y al legislativo que adapten las leyes laborales a los nuevos modos de entender la actividad empresarial y las relaciones laborales entre empresarios y sindicatos. Lo que se pretende es que las nuevas leyes promuevan la actividad empresarial y laboral y no que se conviertan en un lastre.

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